Juan Villoro y el Estadio Azteca
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Juan Villoro ha vivido el Estadio Azteca desde innumerables butacas. Desde su inauguración en 1966 hasta sus días recientes —en vísperas de convertirse en el primer escenario tres veces mundialista—, el escritor ha habitado este espacio ya sea sufriendo por su querido Necaxa o cubriendo a ras de cancha la pelea de box más concurrida de la historia.
A partir de esos recuerdos, Villoro asegura que desde cualquier rincón del coloso “todo se ve bien ya que posee una planeación interna impecable”. Esto no es obra de la casualidad.
El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez concibió el recinto bajo una estricta lógica monumental y democrática, logrando que una estructura de escala colosal garantizara una excelente visibilidad para cualquier asistente, sin importar dónde estuviera su asiento.
En conversación con Gramo, Villoro cuenta que pudo revisar el archivo de Ramírez Vázquez, y saltó a su vista la enorme cantidad de dibujos de isóptica que el arquitecto y su equipo realizaron para garantizar una visibilidad perfecta desde prácticamente cualquier localidad.

A esto se suma un diseño acústico —quizás involuntario, pero sumamente eficaz— que permite que el sonido de la multitud se vuelque con fuerza hacia el centro de la cancha.
"Se escucha cómo la multitud descarga sonoramente hacia el centro del campo. Es decir, el público se manifiesta muchísimo por la acústica que tiene el estadio y ese es otro de los grandes logros del Azteca”.
Esta formidable caja de resonancia ha albergado las pasiones de miles de aficionados a lo largo de las décadas. Villoro mismo ha tomado el pulso de ese sentir, ya sea en la grada durante partidos de liga y de la Selección, o viviendo el rugido del coloso a ras de lona, en aquella mítica noche en que Julio César Chávez enfrentó a Greg Haugen en la que resultó la pelea de box más concurrida de la historia.
Por estas razones, Villoro cree que el Azteca merece ser declarado un patrimonio inmodificable, ya que ha sido sede de una mitología urbana donde ocurrieron proezas irrepetibles como la coronación del magistral Brasil de Pelé en 1970, el dramático "Partido del Siglo" entre Italia y Alemania, la consagración absoluta de Diego Armando Maradona en 1986, así como épicos conciertos y eventos masivos que han marcado la historia de la Ciudad de México.
“Es un estadio que ha congregado, sentimental y apasionadamente a las multitudes durante muchas décadas".

En última instancia, el gran mérito del proyecto fue concebir un espacio colosal bajo una premisa de absoluto respeto e inclusión. Al asegurar una gran visibilidad desde cualquier asiento, el proyecto demostró que el verdadero protagonista del estadio es el público.
Con la creación del Estadio Azteca, Ramírez Vázquez imaginó un coloso de concreto capaz de contener los latidos y las pasiones de una nación entera. A 60 años de su inauguración y de cara a convertirse en el primer escenario tres veces mundialista, el Azteca —además de ser pieza clave de su gran legado— se mantiene como el templo sagrado donde, a menudo, logramos entender nuestra propia identidad.
“Ramírez Vázquez diseñó un estadio pensado para la gente y con una capacidad de entender que todo el mundo tiene derecho a ver bien el juego, de incluir de manera decisiva a la afición en el espectáculo. Puso en valor a la afición, y eso no siempre se ve".
Fotos: Archivo Casa Estudio Pedro Ramírez Vazquez