Colonia Tabacalera

Colonia Tabacalera

El suelo que hoy sostiene a la Tabacalera fue, en su origen, la extensión de la Hacienda de San Francisco de Borja, cuyos terrenos remató el gobierno virreinal en 1782 tras el destierro de los jesuitas. 

El predio pasó a manos del conde de Selva Nevada y, tiempo después, su viuda encomendó al arquitecto Manuel Tolsá levantar ahí una suntuosa residencia que se convertiría en el Palacio de Buenavista. 

A lo largo del siglo XIX, esos muros cobijaron las luces y sombras de personajes como Antonio López de Santa Anna, hasta que en 1899 el palacio se convirtió en la sede de La Tabacalera Mexicana, la empresa que terminó por bautizar al barrio para siempre.

Durante su época virreinal la zona estuvo fuertemente vinculada con la vecina Cárcel de La Acordada, el Paseo de Bucareli y la antigua Plaza de Toros, sirviendo como antesala del crecimiento urbano hacia el poniente de la capital. Con el paso de las décadas, la Tabacalera se consolidó como un escaparate de hitos arquitectónicos e ingenieriles fundamentales para el México contemporáneo.

El corazón del barrio late en la Plaza de la República, coronada por el Monumento a la Revolución. Concebido originalmente bajo el régimen de Porfirio Díaz como la cúpula central de un fastuoso Palacio Legislativo Federal, el proyecto quedó truncado por el estallido de la Revolución en 1910. Décadas más tarde, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia rescató aquella colosal estructura de hierro abandonada para transformarla en un vibrante espacio público y en el mausoleo que hoy resguarda los restos de figuras como Francisco Villa, Venustiano Carranza y Lázaro Cárdenas.

 

*Fotografías del Archivo de la Fototeca Nacional.

 

A unos pasos de esta herencia revolucionaria se levanta el edificio "El Moro", sede de la Lotería Nacional e icono de la modernidad urbana. Inaugurado en 1946 sobre los terrenos que pertenecieron a la residencia de Ignacio de la Torre y Mier, esta mole de concreto fue durante algún tiempo el rascacielos más alto del país.

La Tabacalera también resguarda tesoros artísticos de escala más íntima y bohemia. El ejemplo más refinado es el Museo Nacional de San Carlos, que recuperó los salones neoclásicos del antiguo Palacio de Buenavista. Este ambiente artístico conecta con la arquitectura residencial de la zona, donde destaca la casa que Luis Barragán diseñó en la calle Ignacio Mariscal para que sirviera de taller y refugio al pintor José Clemente Orozco.

Históricamente, las calles del barrio funcionaron como un punto de encuentro para el exilio y el pensamiento crítico. Ahí se resguardaron los refugiados de la Guerra Civil Española y, años más tarde, se gestaron los movimientos latinoamericanos de personajes de la talla de Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara.

Las calles de la Tabacalera cargan con el peso de los siglos y a pesar de que las sacudidas del tiempo, como el doloroso terremoto de 1985, cambiaron el rostro de sus manzanas, la verdadera raíz del barrio sigue estando en su gente, una comunidad entrañable que continúa habitando sus calles con el orgullo de saberse guardianes de un pedazo fundamental de nuestra historia.

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