Pensil

Jorge Pedro Uribe Llamas

 

Primero una consideración: no existe una sola Pensil. Mejor hablar de las Pensiles: la Norte, la Sur, la Ahuehuetes Anáhuac, la Modelo Pensil... Toda una región en sí misma, históricamente perteneciente al antiguo señorío de Tlacopan, o Tacuba en castellano. A partir de la Conquista, los españoles supieron aprovechar la fertilidad de estas tierras para el cultivo y la cría de ganado. De este modo empezaron a prodigarse en la zona haciendas, ranchos, huertas... Era un rumbo alejado de la Ciudad de México, en el que no resultaba infrecuente aún a inicios del siglo XIX que los capitalinos pudientes poseyeran una casa de recreo. Es el caso de un tal Marco de Ybarra, que en los años sesenta de los 1700 cultivó un hermoso jardín en el antiguo barrio de Santa María Magdalena Tolman. Lo llamó El Pensil Americano, y claro que después de la Independencia quedó más apropiado renombrarlo como Mexicano. Hagamos un paréntesis para aclarar que la palabra pensil, actualmente en desuso, quiere decir "jardín delicioso". En este cuidado pensil se reunía el señor Ybarra con sus familiares y amigos para comer, beber, oír música, tal vez bailar, dedicarse a la contemplación, incluso orar. Lástima que el predio cayera más tarde en el abandono, y lo que ocurrió entonces es largo de explicar, pero conformémonos con saber que cierto embajador alemán de apellido Gosch Mack lo compra a principio del siglo XX y su nieto, José Paz Gosch, lo acaba fraccionando a partir de 1967 para la erección de bodegas y departamentos. El Pensil Mexicano fue entonces destruyéndose gradualmente, y en nuestros días apenas quedan ciertas estructuras en pie, siendo las más llamativas el portón de acceso y un poco de la capilla, diseñada tal vez por el gran Lorenzo Rodríguez, nada menos. Para 1911 esta zona de ranchos y casas de recreo ya se iba integrando a la capital, la cual parecía que daba el estirón como adolescente hambriento. Corrían los tranvías, y se ponía de moda vivir en colonias residenciales, afuera del Centro. Es en los años treinta cuando las Pensiles comienzan a poblarse sobre todo por inmigrados de otras partes del país. Aún se podían ver campos de milpas y girasoles, así como vestigios de las famosas ladrilleras. En la década de los cincuenta se entubó el río San Joaquín, y en las inmediaciones surgían nuevas colonias cercanas, como Polanco, Anzures e Irrigación. La Cervecería Modelo destacaba en el paisaje. En la actualidad muchos vecinos siguen oyendo misa en la iglesia de la Lupita y comprando en el Mercado 18 de Marzo, asimismo ejercitándose en el Deportivo José María Morelos y Pavón. A las Pensiles se les considera un barrio bravo, eminentemente popular. Con alguna que otra añosa pulquería sobreviviente. Merece la pena darse una vuelta, intentar entrar al Pensil Mexicano, único jardín virreinal que nos queda y declarado Monumento Histórico en 1932. Celebrar la buena o mala suerte en la cercana cantina Chin Chun Chan, en Golfo de Adén. Seguir caminando, descubriendo modestas maravillas