Lomas de Chapultepec
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La historia de las Lomas de Chapultepec es la crónica de una geografía que, desde su origen, intentó ser distinta. Su fundación en 1921 marcó un hito en el desarrollo de la Ciudad de México, pues no solo motivó la prolongación de la emblemática Calzada del Emperador, trazada por Maximiliano y consolidada como Paseo de la Reforma por Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, sino que propuso un modelo de vida que rompía con la tradición del centro.
En sus inicios, las Lomas eran un paraje inhóspito, un lomerío deforestado y separado de la mancha urbana que ofrecía vistas magníficas a quienes buscaban escapar de la "aglomeración de casas" de la ciudad. Bien lo decían los socios de la Chapultepec Heights Company, Albert E. Blair y Paul Heilman, en un boletín que publicaron en 1923: “habitar el Hogar Moderno es un deber familiar, un cambio necesario hacia un modo de vida acondicionado a las normas de higiene y amplitud de la época”.
Bajo esta premisa, la colonia abrazó un trazo de calles onduladas y banquetas generosas que sugerían un ritmo más pausado. Sin embargo, este diseño venía acompañado de estrictas normas de uso de suelo que obligaban a un modelo de vida dependiente del automóvil, pues su carácter exclusivamente residencial limitaba el comercio a zonas muy específicas.
Aquel paisaje que hoy asociamos de forma natural con un arbolado exuberante y privilegiado fue en realidad fruto de una transformación lenta. Lo que hoy es la zona más arbolada de la capital comenzó como una llanura despoblada de vegetación donde el plantado de cada especie fue un proceso deliberado.
La consolidación del fraccionamiento fue pausada, transitando de una colonia pensada para la clase media alta hacia una zona residencial de exclusividad absoluta al llegar a la mitad del siglo XX. No obstante, la quietud que la definió hasta los años sesenta sucumbió finalmente ante el peso de la expansión metropolitana.
Aquella "colonia jardín" terminó convirtiéndose en el cauce forzoso para el tráfico proveniente de Bosques de las Lomas y, más tarde, del desarrollo inmobiliario de Santa Fe. Sus anchas avenidas, que a principios de siglo eran promesa de paz, ahora se rinden cada vez más ante el peso abrumador de una urbe que todo lo devora.