Clavería

 Ivan del Rivero

En México, la palabra clavería se refería a la oficina que recaudaba y distribuía las rentas del cabildo en las catedrales. A su vez, el clavero era responsable de cuidar las llaves de una ciudad o una iglesia. Sin embargo, no es común que pensemos en esas definiciones al escuchar la palabra, lo más seguro es que nos remita a aquella histórica colonia al norte de la Ciudad de México.

Orgullo de todo el pueblo chintololo, suelo que vio nacer al Príncipe de la canción entre eucaliptos, limoneros y naranjos. Se trata de Clavería, una de las primeras colonias trazadas en la zona, misma que mantiene su vibrante paisaje urbano desde hace más de 117 años.

Fue en 1907 cuando se fraccionaron los terrenos de la hacienda Clavería, propiedad del señor Juan Antonio Clavería Villarreales, para formar la colonia que en aquel tiempo se llamó Ampliación del Imparcial. Durante el periodo posrevolucionario, con una ciudad regresando a la calma, fue rebautizada como Clavería.

La colonia vio nacer a la voz más prodigiosa de América Latina y también fue testigo de sus noches de bohemia recorriendo las mesas de El Chaparral y El Patio. José José salía de su casa y acompañado de un par de amigos caminaba por la colonia cantando serenatas hasta muy entrada la madrugada. Esas caminatas terminaban en la tienda de La Tocha, en la glorieta o en su querido Parque de la China, sitio icónico del rumbo que comenzó como un extenso vivero y jardín de árboles y que hoy presume la estatua más visitada del orgullo de Clavería.

Hablar de ella es recordar el cine Cuitláhuac y sus tres mil butacas, las primeras sucursales de la Casa de Toño y El Bajío, la enorme oferta editorial de la Librería Parroquial, el mercado en la calle de Irapuato, el Nicos y su celebrado chile en nogada, el prestigioso IPADE en el casco de la hacienda Clavería y el sinfín de historias ocurridas en su pequeño pero adorado quiosco.