Torres de Satélite

Torres de Satélite

Las Torres de Satélite son un hito monumental compuesto por cinco prismas verticales de concreto construidos entre 1957 y 1958. La obra nació cuando el urbanista Mario Pani convocó a Luis Barragán para crear un potente punto de referencia visual en el acceso a Ciudad Satélite, un nuevo desarrollo proyectado en el municipio de Naucalpan de Juárez, dentro del Estado de México.

Barragán invitó al proyecto al escultor y pintor Mathias Goeritz, y ambos contaron con la colaboración del artista Jesús Reyes Ferreira. En esta pieza fundamental del arte público, Goeritz concibió la forma y la estructura de los prismas, mientras que Barragán ejecutó la obra arquitectónica.

Por su parte, Chucho Reyes influyó de manera significativa en la discusión conceptual y en la elección de los colores. El proyecto original contemplaba la edificación de siete torres de mayor escala; sin embargo, debido a limitaciones presupuestarias, el diseño final se redujo a cinco prismas de concreto de planta triangular, cuyas alturas varían entre los 30 y los 52 metros.

Inspirados en las torres medievales de San Gimignano y en los rascacielos neoyorquinos, concibieron una propuesta que dialogara con la velocidad del automóvil sobre la avenida Periférico y la autopista México-Querétaro. 

Las esculturas representan un paradigma de la arquitectura emocional, concepto promovido por Goeritz y Barragán para generar una experiencia espiritual y poética mediante el uso de la luz, la textura y la monumentalidad del volumen geométrico en el espacio público. Erigidas sobre una explanada inclinada de adoquín, las estructuras fueron pensadas como un punto de referencia visible de día y de noche al entrar o salir de la urbe.

Pronto se convirtieron en un emblema de que México avanzaba hacia una era moderna, cosmopolita y de vanguardia. Tuvieron una amplia divulgación internacional y fueron valoradas como una gran aportación a la cultura mundial. Al mismo tiempo, se utilizaron para respaldar cualquier imagen que buscara transmitir prestigio y novedad, apareciendo en anuncios publicitarios en medios impresos y en la naciente televisión, además de ilustrar portadas de discos, películas y fotonovelas.

La paleta cromática del conjunto ha sufrido múltiples transformaciones a lo largo del tiempo. En su origen, las torres lucían colores primarios junto al blanco. En 1968, con motivo de las Olimpiadas de México, fueron repintadas con una combinación dominada por tonos anaranjados y amarillos, hasta que posteriores trabajos de restauración restituyeron los tonos que evocan el planteamiento inicial.

Con el paso de los años, el conjunto sufrió modificaciones severas en su entorno urbano y en el flujo vehicular. La cercanía de vialidades elevadas alteró la escala del paisaje, haciendo que las fotos y recuerdos donde las estructuras dominaban el horizonte despejado pasaran a ser cosa del pasado. 

A pesar de los drásticos cambios en su entorno, las Torres de Satélite se mantienen como un hito esencial del arte público moderno, una de las obras más reconocidas de Barragán, Goeritz y "Chucho" Reyes, y un sello distintivo de la silueta urbana tanto de Ciudad Satélite como de la Zona Metropolitana del Valle de México.

 

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