Paseo de la Reforma

Paseo de la Reforma

El Paseo de la Reforma, la avenida más emblemática de la Ciudad de México, nació en la segunda mitad del siglo XIX bajo el trazo del Segundo Imperio Mexicano. Maximiliano de Habsburgo imaginó una gran calzada en línea recta que conectara la residencia imperial en el Castillo de Chapultepec con el centro de la capital. 

Bautizada en sus inicios como el Paseo de la Emperatriz, la vía satisfacía una necesidad práctica de comunicación rápida y, al mismo tiempo, dotaba a la urbe de un paseo monumental a la manera de los grandes bulevares europeos.

Tras la caída del imperio y el triunfo de la República, la avenida rebautizada como Paseo de la Reforma, se convirtió en el gran lienzo del proyecto liberal y, más tarde, del Porfiriato. A lo largo de sus glorietas se dispusieron estatuas, jardines y monumentos concebidos para consolidar la memoria histórica de la nación. 

Entre sus piezas más destacadas estuvo por más de un siglo la estatua ecuestre de Carlos IV, esa emblemática obra de Manuel Tolsá popularmente conocida como "El Caballito", así como el monumento a Cristóbal Colón y la icónica Columna de la Independencia, que se transformaría en el símbolo por excelencia de la capital.

A través de siglo y medio de existencia, la calzada ha experimentado constantes ampliaciones, modificaciones urbanas y reconfiguraciones en su mobiliario y trazado. Sin embargo, no todos los cambios han respondido a planes de conservación. Como toda avenida viva, Reforma ha experimentado cambios. Ahora hay sombras de monumentos que ya no están y modificaciones que dividen opiniones sobre lo que la ciudad elige conservar o borrar.

A pesar de esos cambios Reforma ha sabido reinventarse sin perder su jerarquía. Más allá de ser una arteria vial o un corredor financiero de imponentes rascacielos, se ha consolidado como un espacio público vivo donde la ciudadanía se adueña de la calle para la protesta social, la celebración colectiva y la expresión política. 

En sus más de catorce kilómetros conviven la arquitectura monumental de antaño con las demandas de la actualidad, reafirmando al Paseo de la Reforma como el escenario urbano más vibrante de México.

 

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