Calzada de los Misterios
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La Calzada de los Misterios, una de las avenidas más antiguas de la Ciudad de México, conecta el centro histórico con la Basílica de Guadalupe. Sin embargo, su relevancia precede por mucho a la era colonial.
Trazada originalmente por los mexicas como la Calzada del Tepeyac, la vía cruzaba las aguas del Lago de Texcoco con una doble función: unir Tenochtitlán con el sagrado Cerro del Tepeyac y servir de dique para evitar que el agua dulce de los cerros se mezclara con la salada del lago.
En la cosmovisión prehispánica el Tepeyac resguardaba el templo dedicado a Tonantzin, la venerada madre de los dioses. Hasta allí acudían miles de peregrinos en un ejercicio de devoción que prefiguró la tradición actual. Tras la conquista, las autoridades españolas aprovecharon el arraigo de este culto mariano incipiente y la analogía con Tonantzin para consolidar el proceso de evangelización, erigiendo el santuario católico en el mismo sitio sagrado.
Aunque la conquista destruyó buena parte de la infraestructura azteca, la calzada sobrevivió en su trazado original. No obstante, en 1604 una devastadora inundación destruyó la estructura de piedra. La reconstrucción virreinal fue encomendada al fraile franciscano Juan de Torquemada, quien levantó de nuevo la ruta sobre la misma trayectoria, aunque a costa de un severo abuso de la mano de obra indígena asignada a la obra.

Hacia finales del siglo XVII, la avenida adquirió la identidad arquitectónica que conserva hasta hoy. En esa época se proyectó la edificación de quince monumentos religiosos a lo largo del costado oriente de la calzada.
Diseñadas en estilo barroco por el arquitecto Cristóbal de Medina, estas columnas representaban los episodios de la vida de la Virgen María conocidos en la oración del rosario como "misterios". La construcción comenzó en la Navidad de 1675 y concluyó en agosto de 1676.
Con el tiempo, la presencia de estas quince estructuras de piedra con imágenes religiosas en su cima rebautizó popularmente a la antigua vía como Calzada de los Misterios, marcando la ruta que los fieles recorrían rezando a su paso. Con la posterior apertura de la paralela Calzada de Guadalupe, el camino conservó su carácter monumental y simbólico.

El paso de los siglos y la expansión urbana deterioraron gravemente las estructuras barrocas originales, provocando la pérdida de siete de ellas. A finales de los 90 se llevó a cabo un proyecto de restauración integral en el que se construyeron siete nuevos monumentos para reemplazar los derribados y devolverle su integridad visual.
Hoy en día la Calzada de los Misterios se extiende como un puente entre el Paseo de la Reforma y el Tepeyac. En sus muros se entrelaza la ingeniería mexica, el barroco novohispano y la tradición de un pueblo que continúa peregrinando tras más de quinientos años.