Alameda Central

Alameda Central

La Alameda Central es uno de los espacios públicos más emblemáticos del centro histórico de la Ciudad de México. Su historia comenzó en 1592 cuando el virrey Luis de Velasco propuso la creación de un parque dedicado a la recreación de los habitantes de la capital novohispana. 

En sus inicios el trazado ocupó un terreno cuadrado dentro del antiguo tianguis de San Hipólito, al sur de la calzada de Tacuba. El parque estaba delimitado por un ancho canal diseñado para controlar los accesos y resguardar los olmos traídos desde Coyoacán y la fuente de cantera adornada con una esfera de bronce.

A lo largo del siglo XVII el parque modificó su estructura inicial para adaptarse al crecimiento urbano y a las secuelas de las inundaciones que afectaron a la capital. Los álamos originales fueron sustituidos por fresnos y la traza interna incorporó ocho calzadas principales con jardines laterales y fuentes de un diseño muy particular para la época. 

En esos años la Alameda se convirtió en el paseo preferido de la sociedad novohispana. Un punto de encuentro donde desfilaban carruajes y transeúntes de diversos sectores sociales, registro que quedó asentado en crónicas de la época y en las pinturas de diversos biombos coloniales.

El diseño rectangular que conserva actualmente se definió a finales del siglo XVIII bajo los gobiernos de los virreyes Carlos Francisco de Croix y Antonio María de Bucareli. El proyecto amplió la superficie del parque sobre las plazuelas de Santa Isabel y San Diego, abarcando incluso los terrenos del antiguo quemadero de la Inquisición. 

Esta intervención añadió rotondas circulares, portadas de mampostería y fuentes con esculturas dedicadas a personajes mitológicos, consolidando al parque como un referente urbanístico a la par de otros paseos de la ciudad como el Bosque de Chapultepec.

Durante los siguientes años el parque continuó transformándose al ritmo de los cambios políticos del país. Se realizaron trabajos de jardinería inspirados en el paisajismo europeo, y durante el porfiriato se introdujo mobiliario urbano moderno, como bancas de hierro fundido, iluminación eléctrica y esculturas de bronce con representaciones de divinidades romanas. 

A su alrededor se iniciaron obras de gran importancia para el país como el Palacio de Bellas Artes y la instalación del Hemiciclo a Juárez en 1910 en sustitución del pabellón morisco.

A pesar de los cambios en su entorno y el constante caos que la rodea, la Alameda Central se obstina en guardar su vocación original de ser un refugio abierto para cualquier caminante de esta ciudad.

Entre los recintos culturales del entorno, la algarabía del comercio popular en las banquetas y el andar ininterrumpido de quienes la cruzan cada día, la Alameda conserva la misma vitalidad de hace más de cuatro siglos, cuando nació como ese gran espacio de esparcimiento en el corazón de la Ciudad de México.

 

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